Un traductor debe saber interpretar y redactar en igual medida
Un traductor es en parte lector de pensamientos y en parte redactor. Sin comprender el sentido del texto no se puede traducir fielmente, y por otra parte, sin saber escribir bien en el idioma meta, la traducción no será creíble. Es por esto que mi proceso de traducción siempre comienza por la lectura e interpretación meditada del texto original, y va más allá para asegurar que el documento final esté adaptado óptimamente al mercado target.
Mi procedimiento de traducción consiste en:
No solo domino el inglés, el francés y el español — estas últimas son también mis lenguas "nativas" debido a las únicas circunstancias de mi infancia — una confluencia fortuita que me permite ser más acertada en mis traducciones.1 El software de traducción no puede traducir "inteligentemente" porque le es imposible discernir el contexto ni entender la intención del autor. La capacidad de reconocer matices lingüísticos intuitivamente, la clave de mi método, proviene de la inmersión en los idiomas desde la niñez, junto a su aplicación práctica en un contexto profesional.
1 - Se piensa que los niños disponen de un cierto periodo ideal del cual pueden aprovechar para adquirir nuevos idiomas fácilmente. Las nuevas sinapsis creadas en el cerebro no sólo pueden facilitar el aprendizaje de más idiomas en el futuro, sino que también pueden mejorar la aptitud lingüística en general.